PRESENTACIÓN

Bienvenidos a la vigésimo primera tertulia de los Jueves Culturales, que hemos llamado la espiritualidad y sus posiciones: ateísmo, agnosticismo y religiosidad.

El ateísmo, en sentido estricto, es la postura opuesta a la religiosidad. El agnosticismo, en cierto modo un disfraz de atenuado del ateísmo, declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino.

Los griegos de la antigüedad clásica no eran ateos, pero se tomaban un poco a cuchufleta el mundo de los dioses, al que veían tan accidentado como el de los humanos. Por eso no la llamamos religión, sino mitología, mitología griega. El gran dios de aquellos sabios fue el todopoderoso Zeus. De ahí el nombre propio actual Teo.  Y su derivación Teodoro, que significa el don de Dios. La palabra que el griego reservaba para hombre era andrós, de ahí el nombre propio actual Andrés, es decir, el hombre.

De Teo deriva teología o ciencia de dios, y de andrós antropología o ciencia de los hombres.

Con la misma analogía formamos teísmo, o actitud respetuosa y sometida a los dioses, y, lo que estamos buscando, ateísmo, o actitud ante la vida que rechaza creer en los dioses.

No hay estadísticas fiables sobre la implantación del ateísmo en el mundo porque no hay manera de confesar con rigor la postura religiosa de cada cual, pues son muchos quienes ni siquiera se preguntan lo que son, pero disponemos de una serie de datos que pueden hacernos reflexionar.

Durante la Edad Media, en Occidente no cabe otra cosa que ser cristiano o judío. Y en la Península  Ibérica también musulmán hasta que unos y otros fueron rechazados y nos quedamos damos una pureza religiosa de la que no escapaba nadie. A nuestros sabios escritores del Siglo de Oro no se les pasó por la idea ni una pizca de ateísmo: algunos fueron santos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, otros sacerdotes, como Góngora, Calderón, Lope de Vega y Quevedo, y otros se refugiaron en una orden religiosa, como Tirso de Molina, Baltasar Gracián o el propio Cervantes.

Antes del siglo XVIII, la existencia de Dios se aceptaba sin réplica en el mundo occidental de ello dan prueba evidente nuestras monumentales catedrales, colegiatas, monasterios, iglesias y ermitas. Los primeros pensadores españoles que empiezan a poner en duda la fe de la iglesia pertenecen al siglo veinte, aunque tal vez alguno ya lo pensaba antes y no lo dijo. Leopoldo Alas Clarín, primer escritor que lleva el ateísmo a sus novelas, lo pagó caro. Su novela, una de las más importantes de nuestra historia literaria, pasó sesenta años en la cárcel, es decir, en el más absoluto anonimato. Y Galdós, hoy una mosquita muerta en rebeldía, fue duramente criticado y marginado en su época solo por poner en duda algunas cuestiones superficiales.

Los primeros pasos en busca de la rebeldía frente a una creencia tan indiscutible y generalizada se produjeron tímidamente en Francia, en el siglo XVIII.

Jean Meslier fue un sacerdote católico francés de la parroquia de Étrépigny, cerca de Mézières, en las Ardenas, es decir, un pueblecito olvidado. Después de 40 años de aparente fe dejó, al morir en 1729, dos sorprendentes cartas y una gran obra de cerca de 3500 páginas con argumentos contra la existencia de Dios. Menudo susto… Aquello quedó rápidamente silenciado, pero debió conocerlo Miguel de Unamuno cuando escribió San Manuel Bueno Mártir, que trata el mismo tema doscientos años más tarde.

Aquellos argumentos fueron después publicados por Voltaire, unos treinta años más tarde, en 1762. El escritor y filósofo, uno de los más lúcidos de la humanidad, criticó los abusos de poder de la Iglesia católica y abogó por la libertad de culto, por la libertad de expresión y por la separación Iglesia-Estado. Evidentemente los franceses no tuvieron inquisición, por eso Voltaire no murió en la hoguera.

Solo ocho años más tarde, en 1770 El barón d’Holbach, figura prominente de la Ilustración francesa, publicó sus dos famosos libros: Sistema de la naturaleza y El cristianismo desvelado. El barón d’Holbach fue el primer ateo reconocido públicamente. No creo que en España se hubiera dado a conocer. En Francia si pudo hacerlo porque ya estaba el terreno abonado para la Revolución.

Los Revolucionarios Franceses, los mayores inventores del mundo en busca de la convivencia social, cambiaron las normas. El grupo radical de los jacobinos tomó el poder por la fuerza a finales de aquel siglo ilustrado, en 1793, y dio paso al Reino del Terror. Los jacobinos eran deístas, e introdujeron el Culto del ser supremo como la nueva religión de estado en sustitución del catolicismo, pues los católicos habían caído en un gran abismo de atrocidades.

Y su continuador, ya en pleno siglo XIX, fue Carlos Marx (1818-1883), teórico político y sociólogo prusiano (hoy Alemania), que escribió lo siguiente:

«La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones.”

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el ateísmo alcanzó protagonismo bajo la influencia de filósofos racionalistas y librepensadores alemanes. Muchos de ellos se atrevieron a negar la existencia de deidades y fueron muy críticos con la religión: Ludwig Feuerbach, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche.

El ateísmo avanzó durante el siglo XX en forma de ateísmo práctico. Surgió el ateísmo de Estado.

En cuanto triunfó la revolución rusa, los nuevos dirigentes destruyeron la principal catedral de Moscú y en el mismo emplazamiento se alzó un amplio complejo deportivo y de ocio donde el pueblo asistía a bañarse o a descansar. Desde entonces y hasta 1991 estuvo prohibido el culto en toda la Unión Soviética. Cuando en 1991 se desmorono el socialismo soviético, desapareció la famosa piscina y en unos diez años se alzó una catedral que mejoraba a la antigua, construida con mármol blanco, erigida a San Salvador, como la primera. Tras setenta años de opresión comunista los sentimientos religiosos se mantuvieron en la clandestinidad y renacieron intactos una vez desparecida la opresión.

Los regímenes políticos comunistas conscientes de su conocimiento absoluto, educaron a la población en el ateísmo, asignatura obligatoria en universidades durante la época de la Unión Soviética y de aprobado obligatorio, pues allí no se andaban con pamplinas como aquí con la LOGSE.

La revolución china no se desmoronó como la rusa, pues aunque pueden ser ahora los más ricos del mundo, ello se siguen llamando comunistas, aunque ahora, gracias al capitalismo, hay quinientos millones menos de pobres. Por eso allí el ateísmo arraigó mucho más.

En Europa, desde la caída del Muro de Berlín, el número de regímenes activamente antirreligiosos se ha reducido.

¿Cuál es la población atea del mundo? Las estimaciones no son creíbles. En una encuesta de 2012 el 60 % de la población mundial se declaró religiosa, el 23 % no religiosa y solo el 13 % atea convencida.

Los ateos están concentrados principalmente en Asia Oriental, especialmente China donde el comunismo acabó por convencer a la mitad de la población, y también en Japón, y en menos medida en Europa Occidental (en promedio 14 %), donde sobresale Francia (29 %).

América es el continente de los cristianos.  En Estados Unidos está mal visto ser ateo, aunque cada vez hay más norteamericanos que lo dicen abiertamente. Parece obligatorio pertenecer a una iglesia, a la que sea.

Pues bien, en busca de principios que nos hagan reflexionar tenemos hoy dos expertos. Voy a presentar solo a Miguel García Pajuelo, vecino y amigo nuestro desde hace muchos años que nació en Medellín, Badajoz, en 1957.  Abogado, Diplomado en estudios avanzados de doctorado y premio a los Derechos Humanos otorgado, junto a otros ocho abogados españoles, por el Consejo General de la Abogacía Europea en el año 2008.   Y también, y por eso está aquí, Diplomado en Teología para la nueva evangelización por el Instituto Teológico San Pablo.

Él se va a encargar de dar un toque al pensamiento y actitud agnóstica y también de presentar a nuestro párroco, que tienen nombre de papa, el padre Francisco.

(La muerte de la abuela del padre Diego Canales en la mañana del día de su intervención, le impidió asistir).

 

Francisco J. Martínez

Diego Canales

 

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