Presentación

Un golpe de Estado es la toma del poder de forma repentina y violenta. La legalidad pierde su vigencia y nacen nuevas leyes. Son habituales en periodos de transformación social, económica o política. Durante los dos últimos siglos hemos contado once golpes de estado en España.

Para hablar del último tenemos hoy a dos testigos excepcionales:

El periodista madrileño Miguel Blasco comenzó su carrera profesional en Radio Centro y Radio España. Después pasa a formar parte del equipo de TVE, y durante más de treinta años, ha ejercido varios cargos, entre ellos Director de Programación del Canal Internacional, Director de Centros Territoriales y Director de Emisiones de Canales Temáticos. Es miembro de la Academia de la Televisión, de la Orden Literaria Francisco de Quevedo y Vicepresidente de la Asociación de historiadores de la televisión. Todo un lujo contar con él esta noche.

Juan Francisco Janeiro era el 23 de febrero de 1981 redactor de la Sección Política del diario EL PAÍS, y como tal estaba en el Congreso de los diputados para cubrir la información de la investidura del presidente Leopoldo Calvo-Sotelo. Tuvo la misma sorpresa que el resto del hemiciclo cuando entraron sin permiso los golpistas.

Juan Francisco ha visto nacer, crecer y desarrollarse al periódico EL PAÍS en los más variados puestos, entre ellos el de Jefe de Redacción de diversas secciones. Su presencia en periódico tan influyente hace de él en un observador privilegiado de la historia reciente de España. Me consta, además, que ha estado presente y ha conocido de cerca los grandes cambios de la España de los últimos años.

 

        El primer golpe de estado de la historia de España, si nos ajustamos a una definición precisa, sucedió hace unos doscientos años, el dos de mayo de 1808. Quien toma el poder es el pueblo, que desencadena una guerra que se extiende durante seis años, la llamada Guerra de la Independencia. Las tropas napoleónicas abandonan el país y le entregan el poder a Fernando VII, tal vez el peor monarca que ha tenido España.

El último hace 36 años, el 23 de febrero. No provocó guerra alguna, pero hubiera podido desencadenarla.

Durante el siglo XIX hubo dos golpes de estado más

A mitad de siglo, en 1854, durante el reinado de Isabel II el general Leopoldo O’Donnell se sublevó contra las tropas gubernamentales a las que derrotó en Vicálvaro (por eso se llamó la Vicalvarada).

Y veinte años después, en 1874, el General Pavía, se puso al frente de un grupo de Guardias Civiles, asaltó el congreso y anuló al gobierno.

Durante el siglo XX los golpes de estado se multiplicaron. Entre 1923 y 1936, es decir, en solo 13 años, hubo, y es algo que se suele olvidar, siete golpes de estado que no vamos a enumerar, claro, salvo el más terrorífico, el del General Franco. Y fue trágico porque fracasó. Si hubiera triunfado como los otros, tal vez se habría evitado la guerra civil. Hubiera sido una dictadura, sí, pero sin guerra.

Se refiere Juan Manuel al golpe de estado de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) cuyo objetivo en sus propias palabras fue “poner España en orden” para después ser devuelta al pueblo. Nunca especificó cómo devolvería el poder, pero en cualquier caso disolvió todos los ayuntamientos, derogó la constitución y prohibió partidos políticos, convirtiéndose así en dictador de España. Otros golpes que tampoco provocaron guerra fueron los conocidos como los sucesos de e Prats de Molló en 1926, la sublevación de Jaca en 1930, el golpe de estado de Sanjurjo en 1932, la revolución de Asturias en 1934, hasta llegar al  llamado Alzamiento Nacional de Francisco Franco en 1936.

Todavía hubo uno más en la España republicana antes del final de la guerra. Y claro, solo seis años después de la muerte de Franco, cuando los militares se alejaban del poder, se produce el intento de recuperarlo una vez puesta en marcha la democracia. De ese nos toca hablar hoy en su aniversario.





 

 

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